10 Cosas que debes saber de la cultura tolteca

10 Cosas que debes saber de la cultura tolteca

La ciudad arqueológica de Tollan-Xicocotitlan (‘Lugar de tules-Cerca del lugar de los jicotes’ o ‘Gran Ciudad cerca del cerro Xicoco’) llamada en castellano “Tula”, fue el centro rector del estado tolteca, que se desarrolló en el centro de México durante el período posclásico temprano entre los siglos X y XII de nuestra era. Su influencia alcanzaba lugares tan distantes como la península de Yucatán, El Salvador y Nicaragua.

La primera descripción de las ruinas de Tula fue realizada por Antonio García Cubas en 1873. Las primeras exploraciones arqueológicas fueron realizadas en la década de 1880 por el francés Désiré Charnay, mismas que publicó en su libro “Les anciennes villes du Noveau Monde” . Las primeras excavaciones extensivas fueron realizadas por el arqueólogo Jorge Acosta, comenzando en el año 1939, durante dieciocho temporadas en veinte años.

El emplazamiento de la ciudad arqueológica fue estratégico, donde el río Tula, permitió el desarrollo de una agricultura intensiva y extensiva, surgiendo áreas de producción artesanal. Esto derivó en el control de los principales yacimientos de obsidiana, de minerales y piedras preciosas como la turquesa. Esto último desarrollo importantes vías de comunicación hasta el suroeste de los Estados Unidos.

Una historia breve sobre la ocupación del emplazamiento de la gran Tollan-Xicocotitlan, es que hay evidencias de ocupaciones tempranas de la cultura teotihuacana, correspondientes al siglo II-VIII d. C., que se relacionan. Una vez que se colapsa el sistema teotihuacano se comienza a poblar las cimas de importantes cerros como El Águila, Magoni, y Atitalaquia. Se ha identificado que la nueva población proviene del Bajío. En el siglo VII podemos asegurar la llegada de migraciones Nonoalcas y otros de habla azteca. Iniciando la primera construcción urbanista en Tula Chico, que es donde surge las primeras alusiones iconográficas al culto a Quetzalcóatl, asociado con el planeta Venus. En el siglo VIII hay un cambio de poder a lo que es actualmente Tula Grande (área monumental de visita pública) que solo extiende su poder hasta el siglo IX.

El apogeo de Tollan-Xicocotitlan fue durante el siglo IX. La población era de unos 60 a 80,000 habitantes en una extensión de 16 km2. La plaza de Tula Grande se caracteriza por la construcción de una gran plataforma de unos 400 por 600 metros sobre la cual se encuentran los basamentos piramidales, plataformas, adoratorios, canchas de Juego de Pelota y templos de barrio. La ciudad en su último momento constructivo presenta ornamentos arquitectónicos que eran alusivos a las conquistas militares, alianzas políticas y el establecimiento de colonias toltecas en áreas específicas para el control de bienes suntuarios, de prestigio y de suspensión.

En la conquista española, se inició un proceso de evangelización. Una capilla abierta que todavía muestra paredones en pie dentro de la Zona Arqueológica de Tula. El trazo de la nueva ciudad española se hizo después de las grandes epidemias que desmembró la población, iniciando la construcción de una plaza de armas y de edificios. Hay evidencias del trazo de la primera ciudad y se han rescatados materiales alusivos a estas épocas que permiten comprender la relación que había con otras regiones como Oaxaca, Puebla, Ciudad de México y Jalisco. La arqueología histórica ha sido usada para dar testimonio de la extensión de la ciudad colonial de Tula y también de materiales suntuarios o de lujo provenientes del continente europeo.

En la ciudad arqueológica de Tula, habían múltiples talleres de lítica tallada. Ahí se encontraban expertos talladores que se dedicaban de tiempo completo a producir navajillas prismáticas, raspadores y puntas de proyectil.

Actualmente en la Zona Arqueológica de Tula solo hay un 5 % de monumentos expuestos. La mayoría de los edificios son de barro, lo que hace difícil su conservación. Lo que más abunda de construcciones monumentales son los juegos de pelota, ya que hay seis en total. En Tula Chico hay tres y en Tula Grande hay otros tres. El Museo Jorge

R. Acosta presenta las mayor parte de los descubrimientos que se hicieron entre 1939 a 1960. Hay otros que corresponden a temporadas más recientes entre la década de los 80´ y 90´. El guión fue diseñado de una forma histórica y cultural. Uno puede conocer las ocupaciones que se suscitaron a través del tiempo.

Jorge R. Acosta, durante las exploraciones de la Pirámide B en 1941, descubrió una serie de esculturas llamadas atlantes. Estas se componen de cuatro fustes ensamblados en un sistema de caja-espiga. A través del tiempo se ha presupuesto que estos son falsos, al respecto, de izquierda a derecha, el primero es una réplica, ya que el original fue trasladó en 1944, debido a un intercambio con otras piezas al Museo Nacional de Antropología (cuatro secciones de columnas serpentinas y una estela). Los dos siguientes están completos y el tercero solo corresponde a la extremidad inferior.

En relación a la altura, difieren, ya que el tercero de izquierda a derecha es de 4.58 m, mientras que el segundo a su izquierda es de 4.62 m. En todos se puede apreciar que todavía conservan la pintura original con líneas rojas, que es un elemento que lo identifica con la deidad de Tezcatlipoca.

Entre los mitos que debemos descartar es que se dice que el INAH, es opositor al desarrollo. Se debe aclarar que, el INAH, tiene objetivos sustantivos como la investigación, conservación y difusión del patrimonio arqueológico e histórico, considerado como parte de una identidad de los mexicanos donde cada uno de nosotros estamos comprometidos en la preservación y conocimiento del mismo. La destrucción, alteración o afectación podrían ser causa de procedimientos administrativos o denuncias penales, ya que los bienes arqueológicos son imprescribles e innegables, y son nuestra propias autoridades en turno que deben coadyuvar a la institución en el cumplimiento de los objetivos sustantivos.

En relación a otros mitos, como que las pirámides tiene poder energético, de sanación o magnetismo, no hay pruebas científicas de esto. Por otra parte no tenemos pirámides mexicanas, son plataformas troncocónicas que remataban con templos, nunca fueron hechas para que se subieran.

Autor : Mtro. Luis M. Gamboa Cabezas (Centro INAH Hidalgo, Zona Arqueológica de Tula)

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